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Artículo seleccionado de La Hoja Federal nº 67

Ante el descalabro de nuestra economía y las recetas magistrales de algunos grupos, cabe preguntarse
¿Es posible una nueva convertibilidad?
Por Gustavo P. Forgione

Los momentos más prósperos en la economía de Un Argentino de 1887 nuestro país han sido acompañados por sistemas de moneda convertible o cuyo valor era representado en metálico. Desde 1807 hasta la guerra civil, en varias oportunidades desde la Constitución Nacional de 1853 hasta fin de ese siglo, durante la presidencia de Alvear, y finalmente desde 1991 hasta Enero de 2002.

Digo momentos prósperos, pero no perfectos porque ya desde 1807 el mismo Liniers tuvo que implementar el primer "Plan de Bonos" que pudimos experimentar Don Santiago de Liniers. por estas tierras, cuando debió pedir al Cabildo la emisión de un empréstito por 200.000 Pesos Plata con la promesa de reducir el gasto público, algo que nunca logró. Obviamente ese empréstito no pudo tener otro nombre que "Patriótico"; así, los comerciantes de Buenos Ayres y los productores del interior sintieron el fastidio que histórica y cíclicamente venimos soportando los argentinos debido a las emisiones de empréstitos o directamente por la impresión de moneda espuria.
C
omo hemos advertido en varias oportunidades en La Hoja Federal, en economías como la argentina es conveniente que la única constante sea la moneda y que todos los demás componentes sean variables; de otro modo, algún otro valor será tomado como constante para cada uno de los sectores y serán variables todos los demás, incluida la moneda.
E
ste tipo de sistemas sin nombre llevó siempre descontrol en la economía, ya que no se puede proyectar ni siquiera en el mediano plazo para realizar inversiones, por lo que toda la economía será de corto plazo.
Don Marcelo T. de Alvear.Si los datos históricos nos sirven, es para corregir los errores que sólo se ven en la práctica; así la convertibilidad de 1927 con valor flotante de la moneda respecto del oro, produjo una contracción monetaria inicialmente y, ante la crisis mundial en ciernes dos años después, el gobierno decidió cerrar la Caja de Conversión. Si bien, ante aquella crisis mundial nuestro país fue el único de la región que continuó cumpliendo con las obligaciones externas, el cierre de la Caja nos colocó dos años después en el mismo lugar que nuestros vecinos, todos en cesación de pagos.
C
laro está, que ante la coyuntura actual y el desconocimiento general de los acontecimientos económicos de nuestro país, más allá de treinta años, hablar de las crisis de 1878, la de 1890 y la de 1929, resulta anecdótico. Sería muy productivo no repetir los errores del pasado, pero lamentablemente la reacción de los distintos gobiernos en materia económica ha sido idéntica desde que nacía la idea de la independencia del Reino de España hace ya dos siglos.
E
n todos los casos se amplió el recurso en relación directa con el crecimiento del gasto. Cuando se hizo imposible el aumento de impuestos se recurrió a los empréstitos, luego el endeudamiento externo y finalmente la emisión de moneda.
A
nte la pregunta del título, cabe repetir que "sólo habrá productividad con moneda sana", y lejos estamos de lograrlo en las actuales condiciones. La respuesta es SI, una nueva convertibilidad es posible.
N
o basta cambiarle el nombre a la moneda ni quitarle o agregarle ceros al final de las cifras. Nuestra historia económica nos indica que la prosperidad llegó siempre desde un sistema monetario rígido y sustentable.

Desde los amargos días del verano pasado, en que se desplazó al presidente inactivo, se vociferó la cesación de pagos, se devaluó el Peso y se lo inconvertibilizó, entre otras calamidades; desde el Partido Federal comenzamos a elaborar un plan para recuperar lo torpemente perdido... La moneda.
L
a proposición para instaurar un régimen monetario sustentable, debiera contener los siguientes elementos, de acuerdo a lo expuesto:
   1. Sistema de convertibilidad.
   2. Reserva del Tesoro con cartera variable.
   3. Tipo de cambio fijo en bandas.
   4. Moneda única de curso forzoso.
   5. Normalización del sistema financiero.
   6. Restricción presupuestaria.

S
ería muy extenso explayarse sobre cada punto, pero cabría destacar que en un sistema de convertibilidad con tipo de cambio fijo, lo que el mercado domina no es el precio, sino la cantidad de moneda circulante.
E
s así que ante la demanda de conversión, el Tesoro Monedas y billetes en la Reserva. verá reducida la Reserva, pero también se reducirá el circulante, lo que generalmente concluye en una demanda de circulante posterior, y ello equilibrará finalmente la cantidad de moneda en poder del público.
E
ste sistema monetario no depende estrictamente de la confianza del público, sino de la necesidad de mantener el circulante suficiente; para ello, debiera reconocerse sólo como medio de pago, el efectuado con una única moneda de curso legal y no el realizado en especie o en divisas.
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especto de la normalización financiera, los estragos perpetrados al sistema por los fugaces presidentes del pasado verano y por el actual gobierno, hirieron de muerte la cadena necesaria para su funcionamiento, por lo que no existe una salida coherente para todas las partes. Ante la insolvencia de los bancos, el Estado deberá constituirse como prestamista de última instancia por única vez, socorrer mediante obligaciones emitidas por los bancos en emergencia, las que deberán cancelarse posteriormente con las acreencias hacia el Estado que éstos pudieran haber atesorado y finalmente liquidar las entidades que no puedan satisfacer sus obligaciones en plazos razonables.
F
inalmente, para presentar un esquema racional en materia económica, deberá cumplirse con el principio económico de restricción del presupuesto, intentado por última vez mediante la mal llamada Ley de Convertibilidad Fiscal, groseramente incumplida desde su sanción.
É
ste principio, casi perteneciente a una ley física, indica que el Estado no puede gastar más que sus recursos legítimos, sumando eventualmente lo que le presten.
L
uego de la conducta de nuestros fugaces presidentes, no existe el deseo de nadie que preste voluntariamente al Estado, por lo que deberemos aprender a mantener un Estado que se nutra sólo de sus recursos ordinarios, los impuestos.

Gustavo P. Forgione - Director de La Hoja Federal

Gustavo P. Forgione
gustavo@forgione.com.ar
Director de La Hoja Federal
Vicepresidente II
del Partido Federal


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A la hora de copiar modelos externos... para algunos bien vale el ecuatoriano.
¡ Dolarización !
Un disparate en extremo opinado
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